La arqueología es un campo multidisciplinario que requiere de un enfoque integral en la formación, la investigación y la conducta profesional. La formación del profesional debe abarcar los problemas éticos de la arqueología y las mejores prácticas, incluyendo la exposición a múltiples formas de conocimiento, la comprensión de que existen múltiples propietarios del pasado y la interacción con las comunidades descendientes y cualesquiera otras personas afectadas por el trabajo arqueológico. La investigación basada en evidencias requiere de conocimientos en la aplicación de teorías y métodos científicos adecuados. La formación de los arqueólogos deberá incluir el diseño de proyectos de investigación y una planificación que priorice el análisis de colecciones existentes, justifique un nuevo trabajo de campo que maximice la conservación de los recursos existentes y garantice una adecuada curaduría y difusión de los resultados. El aprendizaje es una tarea de por vida, por lo que los arqueólogos deben actualizar continuamente sus habilidades para realizar investigaciones y gestionar el patrimonio cultural con los más altos índices de calidad, así como para supervisar, orientar y enseñar a estudiantes y empleados. La educación no siempre es asequible o accesible. Los arqueólogos que trabajan en instituciones, incluidas universidades, museos, compañías y agencias gubernamentales, tienen la responsabilidad de dedicar esfuerzos para asegurar los recursos financieros necesarios con el propósito de maximizar la formación, garantizar entornos seguros y ampliar el ingreso a los distintos campos profesionales de la arqueología.