Los arqueólogos necesitan crear entornos seguros y propicios en todas las áreas de la práctica profesional. Estos entornos deberán estar libres de prácticas de discriminación física, emocional o de violencia, incluidas, pero no limitadas al hostigamiento, la agresión o el acoso. Los grupos históricamente marginados en la disciplina han experimentado estas prácticas de manera desproporcionada y esto ha provocado la pérdida de enfoques. Los arqueólogos deberán conducirse con el debido respeto hacia todas las personas, y esto incluye a las personas cuyas culturas estudiamos, así como con aquellas con las que interactuamos. Los arqueólogos deberán acoger la libertad de expresión y el debate abierto, evitando expresiones ofensivas, como por SAA Principles of Archaeological Ethics / Principios de la Ética Arqueológica de la SAA p. 7 ejemplo, aquellas que difamen falsamente a una persona, se constituyan como amenaza o hostigamiento, o invadan la privacidad de la persona de forma maliciosa o los intereses de confidencialidad. Los arqueólogos en puestos de autoridad deberán estar conscientes de los existentes desequilibrios del poder y comprometerse a garantizar entornos laborales y de aprendizaje respetuosos e inclusivos.